Llámame por tu nombre (Call me by your name)
Países: Estados Unidos/Italia/Francia/Brasil
Duración: 2 horas 12 minutos
Género: Romance/Drama
Dirección: Luca Guadagnino
Guion: Luca Guadagnino/James Ivory/Walter Fasano
Papeles estelares: Timothée Chalamet/ Michael Stuhlbarg/Armie Hammer
Una familia judía al norte de Italia, conformada por la madre, el padre y un hijo adolescente (Elio), cada año durante el verano recibe a un estudiante de posgrado estadounidense, que también sea judío, tratando siempre de ser espléndidos anfitriones.
En un año que descubriremos será inolvidable para ésta familia y principalmente para Elio (1983) el invitado en cuestión, un hombre no mayor de 30 años llamado Oliver es poseedor de un enigma que el adolescente de la familia logra intuir, dando por hecho el lema takes one to know one que dicho en español es algo parecido a “entre ellos se conocen”.
Elio difícilmente oculta su fascinación hacia Oliver, mientras que éste último, evoluciona en su conducta de principio a fin.
¿Qué pasa entonces con los padres? ¿Se dan cuenta que se está desarrollando un vínculo especial entre su hijo y su huésped o están demasiado enajenados en sus estudios para notarlo? Eso es lo que puedo invitar al espectador a que descubra.
La película está ambientada de forma muy precisa en todos sus aspectos como la fotografía, el vestuario y la música que es mayormente diegética (tanto “clásica” como el pop italiano de los 80’s) y no da lugar a anacronismos; no es explícita, pero tiene juegos en algunos plano secuencias representando la virilidad (tema que también dejaré al espectador que descubra) y tiene un cierre descollante en una de las escenas finales cuando se da la conversación “padre e hijo” con una revelación asombrosa, y al mismo tiempo casi predecible.
Es, para mí, esa conversación el mejor momento de la película. A su vez es refrescante escuchar tres idiomas desde los primeros minutos (francés, italiano e inglés) que parecieran hacer fluir a todos los personajes en armonía, de forma más natural y no aparecen casi los choques culturales que yo esperaba (aunque es una familia judía, ítalo-francesa que recibe estadounidenses cada verano, puede justificarse pensando que ya estaban acostumbrados); en lugar de ello, los choques entre los personajes son emocionales.
Dicho esto, sentí que al film le sobraron como 40 minutos. Hay una exagerada dilación de las escenas que hace al espectador predecir gran parte de los eventos siguientes, por tanto, cuando se presentan no hay sorpresa. El conflicto es claro desde el inicio y no se pueden esperar muchas variantes en él. Las actuaciones son justas pero no espectaculares, aunque la propuesta tampoco pide mucho de los actores en sí. Son creíbles en lo que están haciendo, pero no son extraordinarios, siendo el actor que interpreta a Oliver el que muestra un poco más de cambios en su carácter, aún así, dentro de lo sutil.
Países: Estados Unidos/Italia/Francia/Brasil
Duración: 2 horas 12 minutos
Género: Romance/Drama
Dirección: Luca Guadagnino
Guion: Luca Guadagnino/James Ivory/Walter Fasano
Papeles estelares: Timothée Chalamet/ Michael Stuhlbarg/Armie Hammer
Una familia judía al norte de Italia, conformada por la madre, el padre y un hijo adolescente (Elio), cada año durante el verano recibe a un estudiante de posgrado estadounidense, que también sea judío, tratando siempre de ser espléndidos anfitriones.
En un año que descubriremos será inolvidable para ésta familia y principalmente para Elio (1983) el invitado en cuestión, un hombre no mayor de 30 años llamado Oliver es poseedor de un enigma que el adolescente de la familia logra intuir, dando por hecho el lema takes one to know one que dicho en español es algo parecido a “entre ellos se conocen”.
Elio difícilmente oculta su fascinación hacia Oliver, mientras que éste último, evoluciona en su conducta de principio a fin.
¿Qué pasa entonces con los padres? ¿Se dan cuenta que se está desarrollando un vínculo especial entre su hijo y su huésped o están demasiado enajenados en sus estudios para notarlo? Eso es lo que puedo invitar al espectador a que descubra.
La película está ambientada de forma muy precisa en todos sus aspectos como la fotografía, el vestuario y la música que es mayormente diegética (tanto “clásica” como el pop italiano de los 80’s) y no da lugar a anacronismos; no es explícita, pero tiene juegos en algunos plano secuencias representando la virilidad (tema que también dejaré al espectador que descubra) y tiene un cierre descollante en una de las escenas finales cuando se da la conversación “padre e hijo” con una revelación asombrosa, y al mismo tiempo casi predecible.
Es, para mí, esa conversación el mejor momento de la película. A su vez es refrescante escuchar tres idiomas desde los primeros minutos (francés, italiano e inglés) que parecieran hacer fluir a todos los personajes en armonía, de forma más natural y no aparecen casi los choques culturales que yo esperaba (aunque es una familia judía, ítalo-francesa que recibe estadounidenses cada verano, puede justificarse pensando que ya estaban acostumbrados); en lugar de ello, los choques entre los personajes son emocionales.
Dicho esto, sentí que al film le sobraron como 40 minutos. Hay una exagerada dilación de las escenas que hace al espectador predecir gran parte de los eventos siguientes, por tanto, cuando se presentan no hay sorpresa. El conflicto es claro desde el inicio y no se pueden esperar muchas variantes en él. Las actuaciones son justas pero no espectaculares, aunque la propuesta tampoco pide mucho de los actores en sí. Son creíbles en lo que están haciendo, pero no son extraordinarios, siendo el actor que interpreta a Oliver el que muestra un poco más de cambios en su carácter, aún así, dentro de lo sutil.
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