domingo, 4 de febrero de 2018

Llámame por tu nombre: Reseña sin spoilers

Llámame por tu nombre (Call me by your name)

Países: Estados Unidos/Italia/Francia/Brasil
Duración: 2 horas 12 minutos
Género: Romance/Drama
Dirección: Luca Guadagnino
Guion: Luca Guadagnino/James Ivory/Walter Fasano
Papeles estelares: Timothée Chalamet/ Michael Stuhlbarg/Armie Hammer

Una familia judía al norte de Italia, conformada por la madre, el padre y un hijo adolescente (Elio), cada año durante el verano recibe a un estudiante de posgrado estadounidense, que también sea judío, tratando siempre de ser espléndidos anfitriones.
En un año que descubriremos será inolvidable para ésta familia y principalmente para Elio (1983) el invitado en cuestión, un hombre no mayor de 30 años llamado Oliver es poseedor de un enigma que el adolescente de la familia logra intuir, dando por hecho el lema takes one to know one que dicho en español es algo parecido a “entre ellos se conocen”.
Elio difícilmente oculta su fascinación hacia Oliver, mientras que éste último, evoluciona en su conducta de principio a fin.
¿Qué pasa entonces con los padres? ¿Se dan cuenta que se está desarrollando un vínculo especial entre su hijo y su huésped o están demasiado enajenados en sus estudios para notarlo? Eso es lo que puedo invitar al espectador a que descubra.

La película está ambientada de forma muy precisa en todos sus aspectos como la fotografía, el vestuario y la música que es mayormente diegética (tanto “clásica” como el pop italiano de los 80’s) y no da lugar a anacronismos; no es explícita, pero tiene juegos en algunos plano secuencias representando la virilidad (tema que también dejaré al espectador que descubra) y tiene un cierre descollante en una de las escenas finales cuando se da la conversación “padre e hijo” con una revelación asombrosa, y al mismo tiempo casi predecible.

Es, para mí, esa conversación el mejor momento de la película. A su vez es refrescante escuchar  tres idiomas desde los primeros minutos (francés, italiano e inglés) que parecieran hacer fluir a todos los personajes en armonía, de forma más natural y no aparecen casi los choques culturales que yo esperaba (aunque es una familia judía, ítalo-francesa que recibe estadounidenses cada verano, puede justificarse pensando que ya estaban acostumbrados); en lugar de ello, los choques entre los personajes son emocionales.

Dicho esto, sentí que al film le sobraron como 40 minutos. Hay una exagerada dilación de las escenas que hace al espectador predecir gran parte de los eventos siguientes, por tanto, cuando se presentan no hay sorpresa. El conflicto es claro desde el inicio y no se pueden esperar muchas variantes en él. Las actuaciones son justas pero no espectaculares, aunque la propuesta tampoco pide mucho de los actores en sí. Son creíbles en lo que están haciendo, pero no son extraordinarios, siendo el actor que interpreta a Oliver el que muestra un poco más de cambios en su carácter, aún así, dentro de lo sutil.

sábado, 13 de enero de 2018

Reseña película Anti-porno: Sin spoilers

Reseña

Película: Antiporno
País: Japón
Año: 2016
Género: Drama/Erótica(?)
Reparto: Ami Tomite, Mariko Tsutsui
Duración: 78 minutos
Director: Sion Sono



Mi gran reto al hacer la reseña de una película es no revelar mucho al espectador de la misma. En el caso de una película como “Anti-porno”, que conlleva una poesía visual intrínseca, ello se transforma en una auto-consigna titánica; el uso de la palabra “poesía” no es accidental, puesto que Sion Sono, el director de la misma, es considerado también un poeta.

Esta característica multi-dimensional del director se granjea sin mucho esfuerzo la atención del espectador gracias a la apabullante combinación del empleo del color (en el que se hace uso, mas afortunadamente no abuso, de ciertas obviedades como el rojo y el negro en representación de la pulsión del Eros y Tánatos, y el uso de ropa blanco y negro para representar la dualidad de un personaje y la eventual inversión de roles), un guión que casi llega a la genialidad y magníficas actuaciones.

Anti-porno no me proporcionó una experiencia de “repulsión hacia la pornografía”, a pesar de que el título parece sugerirlo. En lugar de ello, el film es una viaje hacia el interior de Kyoko, una joven que trabaja en la industria llamada “roman porn”, un tipo de pornografía de un proyecto llevado a cabo por algunos cineastas japoneses llamado “Roman porn reboot” en el cual tienen por objetivo revivir algunas características de una serie japonesa del mismo nombre “Roman Porn” en 1971 (1).

En su viaje, Kyoko va de más a menos, siendo primero la ejemplificación de una novelista y súper estrella cuyo vacío personal se hace evidente casi de inmediato debido a su carácter pueril y conflictos familiares graves (padres de doble moral (2) y la melancólica relación con su hermana) que la convierten en una joven que tiene la obligación de transmitir placer a un espectador, sin embargo, Kyoko es incapaz de sentirlo e incluso le produce asco. A partir de ahí, la protagonista tiene un subjetivo descenso (3), del cine, al teatro, a las audiciones y a su vida personal.

Durante este “descenso” o bien “retroceso” (tanto en la línea de tiempo del film, como en la psicología del personaje) vemos también otro lado de ella: la artista, la pintora que busca captar a los demás y volverlos sus objetos (pintando y pensando en tratar a los hombres como insectos), cuando al final (sin revelar más), ella es el objeto de otros “artistas”, lo que le ocasiona un odio hacia sí misma, evidente en su búsqueda constante de autodestrucción (Tánatos) y aversión hacia el placer (Eros).

A pesar de las escenas en que se busca transmitir la constante desesperación de los personajes femeninos oprimidos y usados por personajes masculinos (sin ser explícito), y en el que hubo momentos que los gritos de turbación llegan casi a un desequilibrio, la película retoma su ritmo natural sin ningún problema.

El diálogo repetido en diferentes contextos (4), en el cual se hace una crítica hacia la falsa libertad de expresión que no sólo aplicaría en Japón sino en cualquier país, junto con la declaración de las mujeres de ser utilizadas por los hombres, brinda una brillante contradicción, siendo las mujeres las que dicen esto en escena, mientras todos los que dirigen lo que hay detrás de la escena misma, son hombres. Entre más escuché este diálogo, mejor pude entender a un personaje femenino, atrapado en un mundo de hombres, que de algún modo perverso y por venganza hacia los padres (5), ella misma buscó, para encontrarlo y verse en un encierro; ya no sólo en la jaula de la pornografía, sino en la jaula de la sociedad. No conforme con ello, este encierro es constantemente representado con animales (6).

El recurso lítote del director produce a un espectador pensante y a la vez entretenido, que convierte a Antiporno en una joya que no debe faltar en el repertorio de películas vistas de cualquier cinéfilo ahíto de Hollywood (7).


1. “Roman porn” fue una serie televisiva de Japón que se caracterizaba por un sexo violento y ligado a la muerte; sin embargo, en otros puntos de vista, el llamado “roman porn” es un tipo de pornografía “romántica” parecida al “soft porn”. En mi percepción, basándome sólo en esta película en sí, el “roman porn” que la película trata de transmitir, sin ser explícita, es sexo a momentos violento y con sumisión con una remembranza a la película de “Saló, o 120 días de Sodoma”  de Pasolini, sin percibir “romanticismo” en el sentido contemporáneo de la palabra. Quizá sea la dilación de las escenas sexuales explícitas, o la ausencia de ellas, pero la presencia de violencia en cualquier contexto sexual, lo que defina al “Roman porn”, pero aún no me queda claro.

2. Padres que no son claros para explicar el sexo a sus hijas en una conversación divertida para el espectador y al mismo tiempo confusa para los personajes; padres extrañamente contradictorios: visten ropa tradicional japonesa, sin embargo, comen en una mesa al estilo occidental y con cubiertos en lugar de palillos, y el padre tiene el cabello pintado de rubio. Una posible crítica y/u observación hacia la contradicción japonesa de conservar su cultura y sus costumbres, y al mismo tiempo dejarse llevar un poco por el “encanto” del occidente. Padres que tienen sexo, y de algún modo, dejan que sus hijas se den cuenta de ello, lo cual traumatiza a ambas. Esto me hizo recordar un pasaje de la novela “Sybil” de Flora Rheta Schreibe. Sybil es un personaje que tiene multiples personalidades debido a traumas de la infancia y, uno de ellos, precisamente es, sus padres teniendo sexo frente a ella desde que ella tenía 2 años.

3. Antes de escribir esta reseña, indagué un poco sobre el director Sion Sono para averiguar si ha sido influenciado por Ingmar Bergman, o si al menos le admira. Digo esto porque, en la película de Ingmar Bergman “Persona”, el personaje principal es una actriz de teatro. La palabra “persona” significa “máscara” en latín. De acuerdo a un análisis de esta película de Bergman, la actriz de teatro al final se convierte en actriz de cine, marcando así, una “evolución” o “ascenso” en la “persona” o “máscara” del personaje. La naturaleza del cine hace que sea relativamente más fácil llevar puesta una máscara en comparación al teatro. En el cine puedes repetir y llevar la vista del espectador hacia donde el director quiera, en el teatro no, cada función es irrepetible y la “persona” o “máscara” puede cambiar de función a función. Ambas disciplinas son interesantes en ese aspecto, sin ser alguna mejor que la otra, sin embargo, llevar la “máscara” fija, es más fácil en el cine que en el teatro, de ahí que yo hable de un “descenso subjetivo” del personaje, que se quita la máscara de super estrella de cine, para llevar la máscara del teatro que es de naturaleza precaria.

4. Otra parte que me hizo pensar que Sion Sono esta influenciado en esto por Ingmar Bergman y Luis Buñuel; estos últimos directores, repetían escenas y diálogos completos. Sion Sono repite diálogos, pero cambia el contexto.

5. La presencia de Freud, o de lo que la gente tiende a concebir superficialmente del psicoanalista no podía faltar. Una adolescente que literalmente quiere tener sexo con su papá. Una mujer con falo en una supuesta escena erótica (ya que según Freud, todas las mujeres odiamos a los hombres porque ellos tienen falo y nosotras no, por decirlo de algún modo), y buscar inconscientemente castigar a los padres por los traumas a los que la sometieron, volviéndose actriz porno.

6. El lagarto en la botella de vidrio, el pájaro negro en la jaula (signo ominoso), a mi juicio, elementos innecesarios y obvios, a menos que también tomemos al lagarto como la representación de la protagonista, encerrada y que se odia a sí misma, considerándose un reptil. La hermana de la protagonista adoraba a las mariposas. Este detalle, bien pudo haber sido incidental, o bien, para cualquiera que ha pasado varias horas estudiando teorías de conspiración y los archivos de la CIA, puede no ser tan incidental, ya que, la leyenda dice, que la mariposa en las películas de Hollywood (al que también la película de Anti-porno le hace una crítica visual) representan el control mental.

7. Me incluyo.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Opinión de "No es más que el fin del mundo"

NO ES MÁS QUE EL FIN DEL MUNDO
 
(Juste la fin du monde, Canadá - Francia, 2016, 95 min.)

Dirección, guión y edición: Xavier Dolan. Fotografía: André Turpin. Música: Gabriel Yared. Con: Gaspard Ulliel, Nathalie Baye, Vincent Cassel, Marion Cotillard, Léa Seydoux. Producción: Nancy Grant, Xavier Dolan, Sylvain Corbeil, Michel Merkt, Nathanael y Elisha Karmitz. Compañía Productora: Sons of Manual, MK Productions
 
Dar una sinopsis muy detallada de “No es más que el fin del mundo”, una película fenomenal y ganadora del “Premio del Jurado” en el renombrado Festival de Cannes 2016, a un espectador que planea enfrentarse a ella, es perjudicarle y me atrevo a decir incluso que podría llegar a ser cruel, porque se le despoja de la oportunidad de percibir sutilezas por sí mismo. Esta producción franco-canadiense tiene como premisa lo siguiente: Louis, ahora un exitoso escritor, decide viajar para volver a ver a su familia, a la cual había abandonado hace doce años, no obstante, este retorno no es tan arbitrario como parece; Louis regresa porque tiene algo qué decirle a su familia, algo de consecuencias catastróficas. 

Si estuviésemos buscando un paradigma para definir los términos dramáticos “protagonista” y “antagonista” (adecuado en esta película ya que se basó en una obra teatral de Jean-Luc Lagarce  y por tanto, no podemos desvincularla de la dramaturgia) los encontramos con facilidad en Louis (el indiscutible protagonista, al decidir destruir la normalidad de su familia con la fatídica noticia que pretende darles) y en Antoine (un antagonista que hará lo posible por mantener esa normalidad, y llegará hasta las últimas consecuencias por conseguirlo) el hermano de Louis, casado con Catherine. Aunque Antoine de principio sólo parece tener una personalidad difícil y mal humorada, poco a poco vamos descubriendo sus razones para tal comportamiento, ya que los demás miembros de la familia, todas mujeres (Martine, la madre, que a pesar de no explicarse la razón del regreso de su hijo, no parece importarle tampoco y lo único que quiere es disfrutar de su presencia; Suzanne, la hermana rebelde, que era tan pequeña cuando Louis los abandonó que poco recuerda de él y ahora sólo quiere conocerle; y finalmente Catherine quien desde que le presentan a Louis, ella parece prendada de él dando indicios del despertar de unos sentimientos hacia el famoso escritor, que desde luego no podrían ser nunca correspondidos por él al ser homosexual, y es que no es sólo la forma en que lo mira ni su torpeza al hablarle lo que la delata, sino que hace un comentario que dejaré al espectador que lo descubra, que para mí, fue la cereza sobre el pastel) parecen solamente dispuestas a disfrutar de la añorada presencia de Louis y no desean arruinarse tan deliciosos momentos preguntándose el “porqué”. Antoine, en cambio, no se pregunta el “porqué” del regreso de Louis y podemos vislumbrar que o bien lo sabe, o lo intuye fuertemente y opta por hacer todo lo que esté en sus manos por no confirmarlo con la aparente intención de proteger a su familia de tal información, aunque se hace evidente después que lo hace en realidad para protegerse a sí mismo. Con tomas constantes hacia los rostros para poner la psicología de los personajes en bandeja de plata (Xavier Dolan, un director canadiense claramente influenciado por el cine francés), grabada en su mayoría en interiores (pocos exteriores para los “flashbacks” y una comida “alegre” fuera de casa) con una fotografía en principio iluminada con colores fríos denotando la soledad y confusión de los personajes, hasta llegar al clímax en el cual podemos ver un cambio de iluminación a un color cálido con rayos de sol (y tinte sepia) para que el espectador perciba la amalgama de emociones como la ira, la frustración, la agresión y por encima de todo: el amor de una familia por disfuncional que esta sea, tenemos en “No es más que el fin del mundo” una obra maestra cuyos detalles principales he dejado fuera a propósito para dejar que los  espectadores los descubran. Las actuaciones están justo en donde deben estar, no obstante, para mí vale la pena resaltar la de Vincent Cassel (Antoine), porque en él recae todo el conflicto dramático, y la de Marion Cotillard (Catherine).  

viernes, 27 de enero de 2017

Opinión de "Aquarius"

AQUARIUS

(Brasil - Francia, 2016, 145 min.)
Dirección y guión: Kleber Mendonça Filho. Fotografía: Pedro Sotero y Fabricio Tadeu. Edición: Eduardo Serrano. Música: Ricardo Cutz. Con: Sônia Braga, Maeve Jinkings, Irandhir Santos, Humberto Carrão, Zoraide Coleto, Fernando Teixeira, Buda Lira. Producción: Émile Lesclaux, Saïd Ben Saïd y Michel Merkt. Compañía Productora: CinemaScópio Produções, Globo Filmes, SBS Productions.


El director Kleber Mendonça Filho nos trae su tercer largometraje, también conocido con el nombre de “Doña Clara”, un drama  al estilo “intimista” (por el constante uso de close-ups) y en su mayoría acompañado de música y sonidos diegéticos, que nos transporta al mundo de Clara (Sônia Braga), una escritora de crítica musical retirada que reside en un apartamento que ha habitado durante muchos años, al cual le tiene un apego entendible ya que es su vínculo con el pasado.  Clara tiene que enfrentar a una empresa constructora que decide llevar a cabo un proyecto en el edificio (Aquarius) donde se sitúa su apartamento. El proyecto requiere desalojar por completo el lugar para hacer las modificaciones necesarias y por tanto le hacen una oferta de compra, algo que Clara rechaza tajantemente sin importarle ser la única habitante del edificio. Para Clara no existe la posibilidad de dejar su apartamento y a pesar de las constantes presiones ya no sólo de la compañía (con métodos que van de menos a más, hasta llegar a ser deleznables) sino de su propia familia y vecinos, que perciben su conducta como una terquedad innecesaria, ella no hace denotar  la más mínima duda de su decisión. La escritora muestra solamente vulnerabilidad al tener que vivir su sexualidad bajo la sombra del cáncer, enfermedad a la que sobrevivió, pero que le dejo una terrible secuela. A través de los ritmos provenientes casi en su totalidad de discos de gramófono, actuaciones extraordinarias dentro de su naturalidad, una fotografía muy adecuada para que el espectador distinga los cambios de épocas y una yuxtaposición de imágenes cuidadosamente pensada para decir mucho con pocas palabras, descubriremos al ganador de la batalla (si es que lo hay); ¿quién será? ¿Clara, o la supuesta industria del progreso, que en algún punto parece volverse el mundo entero?  Resulta para mí casi imposible no cerrar sin citar al personaje cuando dice “Me hacen sentir loca, sin estarlo”.